V de Vendetta

20 de Noviembre - 2024

Me gusta mucho Alan Moore y sus obras la verdad. Me sabe mal decir que son sólo suyas porque, según algunos artículos que he leído del mismo Alan, considera que muchos de los trabajos no habrían sido como son de no haber contado con sus compañeros, como David Lloyd, Brian Bolland o Dave Gibbons. En especial vi una química y satisfacción muy buenas reflejadas en las palabras que utilizaba para hablar de su proceso creativo con David Lloyd.

"V es lo que ocurre cuando las personalidades de David y la mía se unen"

Literalmente parafraseado de su artículo, me gustó mucho como lo expresó.

No voy a hablar de V de Vendetta la verdad, prefiero que si se tiene interés en ella, se lea e interprete. Quizá esto último suena algo crudo y un poco feo, no me gusta decir las cosas así, pero es que de verdad, muchas veces es lo que realmente debemos hacer. Sólo que muchas veces no tenemos el estado óptimo para simplemente hacer las cosas. En estos casos, recomiendo simplemente descansar, si es que usted mismo se lo permite.

La cuestión es que terminando de releer V de Vendetta, me quedé con ganas de más y me puse a leer todo el contenido adicional que traía la edición que poseo. En ella se incluye el artículo que contiene la cita parafraseada previamente y en el que además intenta responder, de una manera como siempre brillante, a la pregunta de "¿Cómo se os ocurren todas estas ideas?". El artículo original se publicó en la revista Warrior nº17, en 1983. Mientras describía el desarrollo de cómo fue tomando forma la obra, también describía sus sensaciones y estado general. Una de las cosas más llamativas que he observado en la gente genial es que son, a diferencia de lo que podríamos pensar, muy humanos. Tienen inseguridades, se equivocan, son incluso torpes a veces, o se sienten torpes. Alan escribía lo siguiente hablando de como era su rutina de trabajo habitual:

Los días buenos, todo va bien y termino el guion completo en cuestión de cuatro o cinco horas. Los días malos, escribo el guión completo en cuatro o cinco horas, me doy cuenta de que no sirve, lo rasgo y vuelvo a empezar. Repito el proceso cuatro o cinco veces hasta que me convierto en una piltrafa que se apoltrona en el sillón y lloriquea porque no tiene ningún talento y nunca volverá a escribir. Al día siguiente, me levanto, lo hago bien a la primera y me paso el día leyendo mis pasajes favoritos a mi mujer, a mis hijas o a algún comercial (...)

Alan Moore, el mago del caos, siente a veces que no tiene ningún talento.

En una entrevista del famoso campeón de ajedrez Magnus Carlsen, para algunos el mejor jugador que jamás ha existido al combinar a la perfección características clave de gigantes como Bobby Fischer, Kasparov o Karpov, decía que "Se considera una persona inteligente, pero no genial ni mucho menos". Ha sido comparado ya no con grandes maestros de ajedrez, si no con modelos ajedrecísticos.

El guitarrista Paco de Lucía, considerado por algunos de los mejores guitarristas del mundo como el máximo exponente en su instrumento, consideraba que "casi siempre tocaba mal la guitarra". De hecho, existe una anécdota que cuenta un día en el que Paco pasó por enfrente de una peña, escuchó a un guitarrista tocar y pensó que lo hacía genial. Resultaba que era una grabación suya.

Estas cosas me hacen pensar. Creo que ha habido una corriente en nuestros tiempos (o quizá siempre en todos los tiempos del ser humano, solo que yo percibo únicamente la del tiempo que vivo) en la que asignamos cualidades sobrehumanas o divinas a gente que consideramos geniales. Creemos que no sangran, que no se equivocan o que no sufren, o al menos, que sufren mucho menos porque son capaces de gestionarlo. Como en las pelis de superhéroes, vemos quizá al capitán américa recibir una paliza, levantarse y decir "Puedo hacerlo todo el día". Y aunque el mensaje no está mal del todo, nos hacen creer lo peor: Que nosotros deberíamos de no sufrir, de simplemente no sangrar o no sentir dolor, impotencia o tristeza.

Y es lo que nos hace humanos. Y es lo que todos sentimos al final.

Entre los genios sin duda hay algo en común, cuando se sienten mal, creo que hacen un poco como Alan: Se acuestan y se levantan al día siguiente para hacerlo a la primera. Él siendo tan honesto y brillante con la expresión como es, lo ha transmitido muy bien con esas palabras.

Me gusta pensar que una persona normal puede hacer algo increíble, y también me gusta pensar que una persona increíble puede hacer algo normal.

Como nota final, creo que el común de los mortales puede compartir otro rasgo con las supuestas personas excelentes, y es el volverlo a intentar. El perseverar. Al final, es inevitable hacer algo si estás todos los días intentando hacer algo. De mejorar en ello, me gustaría hablar otro día.

Inglaterra prevalece... supongo.

Notas

P.D. *Antes he mencionado a los superhéroes. Me gustaría aclarar que en mi pensamiento existe una diferencia entre los superhéroes modernos, como por ejemplo los pertenecientes al universo cinematográfico de Marvel, y la idea original de los superhéroes.

Ya que hoy no paro de hablar de él, aprovecho para explicar esto último con dos de las cosas que Alan Moore dijo sobre los superhéroes.*

La primera, que actualmente la audiencia para la que se dirigen los superhéroes son hombres, y mayoritariamente hombres de hecho, de 30, 40, 50 o 60 años, y simplemente están interesados en que se valide su amor continuado por personajes como Spiderman o Green-Lantern, sin parecer que son emocionalmente subnormales

La segunda, que considera que los superhéroes son un precursor del fascismo. Reflexionen en el comportamiento de por ejemplo, Batman, y verán fácilmente la relación.


Este artículo se ha escrito mientras escuchaba Mitch Murder - Turning Point / Jacket y tiene un contenido 100% humano, sin aportaciones de LLMs.